Surfear en la nieve

ver como se trabaja con pelucaTodos hemos ido de pequeños a la nieve con una bolsa de plástico y nos hemos tirado por la ladera de la montaña, o a lo loco nos hemos comprado un trineo de plástico de Decathlon y eso ha sido otro subidón… Pero lo que hemos descubierto es que con el bugi de hacer surf o corcho, como lo queráis llamar… ¡Se puede surfear en la nieve! Se desliza muchísimo, y además tiene la cuerdecita para gente tan poco intrépida como yo…
El caso es que nos hemo ido a San Miguel de Aralar, un santuario pequeñito en lo alto de una montaña que pertenece a Navarra pero está en la frontera con Euskadi.
Mi relación con la nieve es muy bonita, porque la verdad es que como la he visto tan poco, siempre me ilusiona mucho. Recuerdo perfectamente la primera vez que me deslizé en la nieve cuando tenía como 13 años en Sierra Nevada con una bolsa de plástico. Me lo pasé super bien, y pensé que la gente que esquiara tenía que ser muy feliz. Unos años después también estuve en Londres en navidad visitando ami hermano, y creo recordar que también nevó. Pero supongo que el inglés y el estar en una ciudad tan grande me preocupaba más que admirar la nieve, así que es un recuerdo que tengo bastante enterrado.
Creo que mi siguiente recuerdo con la nieve ya fué viviendo en Madrid después de la carrera, mientras hacía el master. Ví nevar. Fué entre desilusionante y mágico, porque debido a los dibujos animados, yo pensaba que lo que caía del cielo eran copos de nieve, y la nieve no tiene nada que ver. Es más, ahora que he visto nevar por segunda vez, me parece que es mucho más mágico ver granizar. Me apasiona ver esas bolitas pequeñas como canicas caer del cielo. En fin, que vi nevar aquella vez en Madrid, y luego mi siguiente recuerdo fue una experiencia que la recuerdo con mucho cariño.
En el master, tenía una amiga que había sido monitoria de esquí en Sierra Nevada, y fuimos todos los amigos a la sierra de Segovia a esquiar. (No estoy seguro si pertenece a Madrid o a Segovia, para decir la verdad). Digo Segovia, porque recuerdo que fuimos a comer a El Espinar (Segovia) porque uno de los chicos era de allí y comimos cochinillo en su pueblo.
Esquiar me pareció un deporte apasionante. Me tuvieron que dejar la ropa, gorro… Una chica que había nacido en Cádiz, y había estudiado en Málaga, poca ropa de esquí tenía… Fue muy extraño, porque la primera vez que esquié no tuve miedo. Me pareció que podía ser una experiencia muy chula y que tenía que aprender rápido si quería aprovechar esa oportunidad. Tan rápido fue que el mismo día pasé de las pistas verdes (me parecieron aburrídisimas) a las pistas azules. El problema que tuve fue que me prestaron incluso las gafas de sol, y eran muy claritas. Empecé a sentir un fuerte dolor de ojos, y llegó un momento que no los podía abrir. Me había quemado la retina. Tuve que dejarme llevar por mis compañeros, me llevaron a urgencias allí mismo en las pistas de esquí y la verdad es que con unas gotas, esa misma noche estuve estupenda. Prometí que volvería a repetir esa sensación. Y tardé bastantes años en repetirla.
Volví a ver la nieve en Sierra Nevada, con alguna conexión en directo tanto para la Sexta como para TVE, pero sin darle demasiada importancia, porque cuando se está trabajando se llega corriendo, se hace todo corriendo, y no te paras a pensar ni donde estas. Pero volvió a llegar el momento después de muchos años. Un amigo del trabajo me llevó a esquiar otra vez a Sierra Nevada. Y guauuuuuu. Me encantó. Volví a recordarlo todo rápidamente, y me hacía sentir libre. Por supuesto que tengo que ir con preocupación y no puedo ir rápido porque no controlo los esquís, pero me parecía hermoso. Esa es la sensación. Admirar lo bonita que es la naturaleza mientras paseas. Es parecido a la sensación que se tiene cuando patinas, pero mucho mas bonita. Y ya prácticamente desde que vivo en el norte, una vez me llevó el vasquito a Cantabria para volver a ver la nieve (fué cuando él me enseñó su secreto del corcho), y lo disfruté como una enana, gritando todo el rato muerta de miedo, pero riéndome a la vez. Como se deben disfrutar las cosas. Con intensidad. Y la última vez ha sido ésta. Por cierto, os dejo el vídeo para que veáis la que hemos montado:

Se ve perfectamente como somos, el vasquito que va de cobarde, en el fondo es super valiente (al menos para mí) y yo que voy de valiente por la vida (me aterra cualquier cosa que implique peligrar mi vida). Espero que lo disfrutéis, y si os ha gustado que lo compartáis sin parar. ¡Viva la nieve que siempre me ha hecho tan feliz no como la lluvia! 😉

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *