Los txikiteros de Bilbao

chikito

Antes de irme a vivir a Bilbao no tenía ni idea de lo que es un pote, un txikito o un txikitero, la verdad. Así que me dispongo a explicarlo todo por el principio.En Bilbao, a ir a tomar vinos o cervecitas, se le llama «ir de potes». Nunca he preguntado de donde viene la palabra, pero es así. Y las calles donde se suele ir de potes en el casco viejo, son las 7 calles, que son 7 calles llenas de bares estupendos. Bilbao es una ciudad que desprende alegría en sus bares. A los vascos les encanta beber y les encanta comer, así que dentro son la mar de felices.

En fin, que siempre ha sido famoso que en Euskadi, los chicos suelen tener sus pandillas (cuadrillas para ellos, que imagino que también lo escriben con K)y las chicas por su lado, y esta tradición no va a cambiar de mayores. Aquí es donde entran en juego los amigos txikiteros. Son cuadrillas de hombres la mayoría de ellos jubilados, que se reunen un par de veces a la semana para cantar y tomar cuatro vinos. Porque sí, señores, las tradiciones están para cumplirlas, y si son cuatro, son cuatro. Y no cantan de cualquier manera. Son super disciplinados, y cada uno canta según su voz.  Para que nos entendamos, no tienen nada que envidiar a un coro de iglesia. Podéis ver la diferencia si veis este vídeo que hemos subido hoy, y apreciaréis lo bien que lo hacen los txikiteros si nos comparais. Os dejo el vídeo:

Pero lo bonito de los txikiteros no es como cantan, si no todo lo que envuelve a esa quedada. Son los lazos afectivos que une todo esto. Desde el dueño del bar en el que suelen beber que ya es casi de la familia despues de tantos años cantando, como los amigos con los que cantas, ya que se ven a veces hasta tres veces a la semana. Yo no sé vosotros, pero yo no veo a mis amigos tres veces a la semana… Además si esta tradición se expandiera por el mundo, habría mucho menos gente sola (si estan bien de salud, claro) porque el vino te alimenta el alma, pero lo que de verdad te hace feliz es saber que tienes planes que hacer esa semana, y que te vas a reir unas horas, desconectando por completo de los problemas de cada uno. Pero sin locuras, eso sí. No nos volvamos locos que son dos horas la quedada. Pero dos horas intensas. Podéis ver aquí el video que grabamos nosotros en una de sus quedadas para que sepais de lo que hablamos:

Yo me quedo con Petiso, un hombre de ochenta años, con una vitalidad que muchos de veinte la quisieran. Siempre con una sonrisa en la boca, con la sabiduría de saber que la vida son dos días y que lo que de verdad merece la pena son los buenos momentos. Momentos como los que disfruta con sus amigos. ¡Chapeau! (Chapó)

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