El bar del amigo de Camarón

Rebujina hace entrevista a RoberCualquiera no es amigo de Camarón. Y si has sido de verdad amigo de alguien es cuando lo tienes presente en la mente, y se lo dices a alquien cuando lo conoces. Porque el dueño de este bar, «El Rebujina», no es puro marketing. No es de esas personas que sabe que Camarón sigue moviendo mucha gente y te lo dice para captarte. Ni mucho menos. «El Rebujina» es así. Transparente. Buena gente.

Lo asaltamos en su casa. Y digo su casa porque cuando una persona pasa doce horas en un sitio, donde lo único que le hace falta es dormir, no se puede llamar trabajo. Además se le nota que no sabría hacer otra cosa en la vida. Ha tenido muchas profesiones, como bien cuenta él en el vídeo, pero a día de hoy yo creo que en el sitio donde de verdad si siente cómodo es en el bar.

Se nota que allí tiene su clientele fija. Sus amigos. Me sorprendió la facilidad que tiene para tratar a los medios. No es normal que sin ni siquiera hablar con él que queríamos grabar en su bar, él nos acogiera con un «Buenos días, ¿qué haces por el barrio La Viña?». Por cierto, si queréis ver el vídeo os lo dejo aquí.

Lo cierto, es que un ratito la cámara no le importa. Se le nota que se desenvuelve bien. Sabe lo que gusta. Porque lo que nos gusta es su humildad y sencillez. Pero también os tengo que decir, que «El Rebujina» a la hora se cansa de tí, y te dice amablemente que apagues la cámara. Te lo dice con arte: «Has grabado ya pa ocho películas». Pero te lo dice. Y a mí es que se me nota que me cae bien la gente así. Las personas que te dicen lo que piensan pero sin la necesidad de hacerte daño. Con gracia. Yo no digo que en otras partes de España no se tenga. Solo digo que en Cádiz está potenciado.

Y quiero contar una cosa que me conmovió y que no está en el vídeo. No lo hemos querido contar porque es algo que vivimos mientras comiamos (además que está fuera de lugar totalmente de el vídeo) pero me hizo reforzar mis sentimientos hacia «El Rebujina». Llegó una chica negra, voluptuosa, con una sábana blanca en la que se veía una pequeña cabeza negra llena de gomitas de colores en el pelo. La señora, se desató la sábana y puso al pequeño en la barra. Luego, se quitó el gran bol que tenía en la cabeza lleno de pulseras y collares y lo puso en la silla de la barra del bar. Y al «Rebujina» se le notó que la quería. No sé como decirlo. Se le iluminó la cara. Al ver la cara sobre todo del niñ@ (no recuerdo si era niño o niña pero si que era bien guap@) le estuvo hablando y haciendo carantoñas. Ella no pide dinero. Me da la sensación que se han cogido cariño porque ella estará por ahí todos los días. Y el Rebujina, si ya habéis visto el vídeo os daréis cuenta que hace entrevistas. Es un hombre que le gusta contar historias y le gusta preguntar. Por eso, me puedo imaginar perfectamente cómo ella le contó su historia y él decidió ayudarla. ¿Pero de qué forma? ¿Dándole dinero? Demasiado fácil y frío… Él lo que hace es darle comida. Le preguntó a ella si quería comer, y ella le dijo que no. Sólo el niño. Y al «Rebujina» le faltó tiempo para ir a la cocina y calentarle unas albondigas. Le dijo que se sentase fuera, en la mesa. Como un cliente más. Le hizo sentirse como una clienta más. En ningún momento ella pudo sentir que estaba pidiendo. Ninguno de los clientes pensamos «pobrecita chica». Pensamos: «qué suerte que verdaderamente se quieren y son amigos».

El niño se comió sus albondigas, y luego ella volvió a la barra para llevarle el plato y despedirse de él. Y nosotros, que estabamos justo detrás de ellos, vimos como él le preguntó a ella si el niño iba a tener regalitos de Reyes. Imagino que la chica le diría que no. Cómo va a tener reyes si no tiene para comer… O igual no contestó. Nunca lo sabremos. Pero si veíamos al «Rebujina» que se le veía preocupado. Así que sacó un billete de diez euros y se lo dió. Un billete, que ella no quiso aceptar bajo ninguna de las maneras. Supongo que esta amistad surge porque los dos son muy justos, y muy sinceros. Ella quiere que su hijo coma caliente pero no quiere aprovecharse de él. Y él quiere que ese niño sea feliz. El caso es que el «Rebujina» insistió durante un buen rato y la señora tuvo que llevarse el dinero. Imagino que con la sensación de no saber qué hacer. Con diez euros puede comprar muchas legumbres o arroz. Pero imagino que le compraría algo al niño. Aún así el «Rebujina» se despidió de ella diciendo: «Y el día de reyes te pasas por aquí que tendras tu regalito».

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